Bienaventurados los que comprenden mi extraño paso al caminar y mis manos torpes.
Bienaventurados los que saben que mis oídos tienen que esforzarse para escuchar lo que oyen.
Bienaventurados los que comprenden que aunque mis ojos brillan, mi mente es lenta.
Bienaventurados los que miran y no ven la comida que dejo caer fuera del plato.
Bienaventurados los que con una sonrisa en los labios me estimulan a intentarlo una vez más.
Bienaventurados los que nunca me recuerdan que hoy hice dos veces la misma pregunta.
Bienaventurados los que comprenden que me es difícil convertir en palabras mis pensamientos.
Bienaventurados los que saben lo que siente mi corazón, aunque no pueda expresarlo.
Bienaventurados los que me respetan y me aman como soy, tan solo como soy, y no como ellos quisieran que fuera.
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